Leyendas del Día de Muertos: el cempasúchil, la ofrenda y el perro que guía a las almas

Las leyendas del Día de Muertos explican los elementos de la fiesta. La de Xóchitl y Huitzilin cuenta el origen del cempasúchil. La del hombre que no puso ofrenda enseña por qué no se olvida a los muertos. La del perro que guía a las almas viene de las creencias mexicas sobre el viaje al Mictlán. Unas son muy antiguas y otras son versiones modernas que se cuentan en las escuelas; aquí te decimos cuál es cuál.

Ofrenda casera de Día de Muertos con cempasúchil, fruta, pan y velas encendidas
«Ofrenda casera», de JMndz Fotógrafo. Licencia CC BY-SA 2.0, vía Openverse.

Xóchitl y Huitzilin: el origen del cempasúchil

Xóchitl y Huitzilin eran dos jóvenes que se querían desde niños. Les gustaba subir a lo alto de un cerro para ofrecer flores a Tonatiuh, el Sol, y allí se juraron amor más allá de la muerte.

Huitzilin tuvo que ir a la guerra y murió en combate. Xóchitl, desconsolada, volvió al cerro y le pidió a Tonatiuh que la reuniera con él. El Sol se compadeció y le lanzó un rayo que la convirtió en una flor de un color intenso, como el suyo. Poco después, un colibrí se posó en la flor, y al tocarla se abrieron sus pétalos: era Huitzilin, que había vuelto en forma de pájaro. Mientras haya cempasúchil y colibríes, dice la leyenda, el amor de los dos seguirá vivo.

Los nombres tienen sentido en náhuatl: xóchitl significa «flor» y huitzilin, «colibrí».

¿Es una leyenda antigua? No en esta forma. No aparece en los códices ni en las crónicas del siglo XVI; es una versión moderna, muy difundida en libros escolares y en internet. Lo que sí es antiguo es el uso del cempasúchil en los ritos a los muertos y su relación con el Sol. Lo explicamos en el origen del Día de Muertos.

El hombre que no puso ofrenda

Es una de las historias más contadas en los pueblos. Un hombre se burlaba de sus vecinos porque gastaban en flores, pan y velas para los muertos: «Los muertos no comen», decía. Ese año no puso nada.

En la noche del 2 de noviembre, de camino a casa, vio pasar una procesión de almas que volvían al otro mundo cargadas con lo que sus familias les habían ofrecido: fruta, tamales, pan. Al final de la fila caminaban sus padres, con la cabeza baja y las manos vacías. Él corrió a casa a poner una ofrenda, pero ya era tarde. En muchas versiones enferma de pena y muere poco después; en otras, cada año pone el altar más grande del pueblo.

Hay variantes en casi cada región: a veces el protagonista es un hijo flojo, a veces una mujer avara, a veces el muerto llega con una vela apagada en lugar de comida. El mensaje es el mismo: la ofrenda es una forma de no olvidar.

Cabeza de un xoloitzcuintle, el perro mexicano sin pelo
«Behold the Xoloitzcuintle», de Alfredo&Sara Aguirre. Licencia CC BY-SA 2.0, vía Openverse.

El perro que ayuda a cruzar el río

Esta creencia sí está documentada. Los mexicas pensaban que la mayoría de los muertos hacía un largo viaje al Mictlán, el lugar de los muertos, y que en el camino había un río ancho que no se podía cruzar solo. Un perro ayudaba al difunto a pasarlo. Fray Bernardino de Sahagún lo recogió en el siglo XVI, y explicó que por eso se sacrificaba o enterraba un perro junto al muerto. Según su relato, el perro adecuado era de color bermejo; los blancos y los negros no servían.

Lo que se ha añadido después es el protagonismo del xoloitzcuintle, el perro mexicano sin pelo. Los mexicas lo criaban y lo apreciaban, y hoy es el símbolo del guía de las almas en ofrendas, artesanías y películas. Que haga falta haber tratado bien a los perros en vida para que te ayuden es una idea popular que se cuenta mucho, pero no aparece así en las crónicas.

Por qué hay velas y caminos de pétalos

Más que una leyenda con personajes, es una creencia muy extendida. Las almas vienen de lejos, a oscuras, y necesitan guía. La luz de las velas les marca el lugar, y el olor fuerte del cempasúchil, esparcido en un camino de pétalos desde la puerta hasta el altar, les indica por dónde entrar. Por eso muchas ofrendas tienen también agua, para la sed del viaje, y a veces un jabón y una toalla para que el visitante se asee.

Qué tienen en común

Leyenda o creenciaDe dónde vieneQué explica
Xóchitl y HuitzilinVersión popular modernaPor qué el cempasúchil es la flor de la fiesta
El hombre que no puso ofrendaTradición oral, con variantes por regiónPor qué no se deja de poner altar
El perro que cruza el ríoCreencias mexicas recogidas en el siglo XVIEl viaje al Mictlán y el xoloitzcuintle de las ofrendas
Velas y pétalosCreencia popularCómo encuentran las almas el camino a casa

Las cuatro hablan de lo mismo: los muertos vuelven si alguien los recuerda. Si te gustan estas historias, en leyendas mexicanas reunimos las más conocidas del país, de la Llorona al Callejón del Beso. Y si quieres escribir algo para la fecha, aquí tienes cómo hacer calaveritas literarias.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la leyenda del cempasúchil?

La de Xóchitl y Huitzilin: ella se convierte en flor por obra del Sol y él regresa como colibrí para encontrarla. Es una versión moderna, aunque la flor se usa para los muertos desde la época prehispánica.

¿Por qué se pone un xoloitzcuintle en la ofrenda?

Porque, según las creencias mexicas, un perro ayudaba a las almas a cruzar el río en el camino al Mictlán. Hoy el xolo es el símbolo de ese guía.

¿Qué pasa si no pones ofrenda?

Según la leyenda, tus muertos se van con las manos vacías y tristes. Es una historia que enseña a no olvidar a la familia.

¿Por qué se ponen agua y sal en la ofrenda?

El agua calma la sed del alma tras el viaje; la sal, según la tradición, purifica y evita que el cuerpo se corrompa en el camino.

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