Federico García Lorca en Cuba: los tres meses más felices del poeta

En la primavera de 1930, Federico García Lorca llegó a La Habana desde Nueva York, una ciudad que había terminado por agobiarlo. Iba a quedarse unas semanas para dar unas conferencias y acabó pasando tres meses en la isla. Los que lo trataron entonces coincidían en que nunca lo habían visto tan contento.

Edificio de soportales en La Habana Vieja
«Cuba», de szeke. Licencia CC BY-SA 2.0, vía Openverse.

De Nueva York a La Habana

Lorca había llegado a Nueva York en junio de 1929, en plena crisis personal: una ruptura sentimental y el distanciamiento de sus amigos Salvador Dalí y Luis Buñuel. La gran ciudad le inspiró los poemas más oscuros de su obra, los de Poeta en Nueva York, pero también una sensación de encierro.

La salida llegó por invitación de la Institución Hispanocubana de Cultura, que presidía el etnólogo Fernando Ortiz. Lorca desembarcó en La Habana a comienzos de marzo de 1930 y se quedó hasta junio.

Conferencias, tertulias y noches en la ciudad

Su agenda oficial eran varias conferencias sobre poesía, música y tradición española, en las que hablaba de Góngora, de las canciones de cuna o de la arquitectura del cante jondo. Fuera de los actos, Lorca hizo lo que más le gustaba: conversar, tocar el piano y recorrer la ciudad de día y de noche.

Se hizo muy amigo de la familia Loynaz, una de las más cultas de La Habana, en cuya casa del Vedado pasaba tardes enteras leyendo sus textos inéditos. Allí conoció a la joven Dulce María Loynaz, que décadas después ganaría el Premio Cervantes. También frecuentó a escritores y músicos cubanos y, según los testimonios de la época, se escapaba a las fiestas de barrio y a los teatros populares para escuchar música y ver bailar.

Lo que Cuba le dio a su obra

Cuba le devolvió una alegría que había perdido. En la isla encontró una Andalucía al otro lado del mar: los mismos colores, la misma música mestiza, la misma mezcla de fiesta y melancolía. De ahí salió el «Son de negros en Cuba», el poema que cierra la parte cubana de Poeta en Nueva York y que empieza con la promesa de ir «a Santiago» cuando llegue la luna llena. Es uno de los pocos momentos luminosos de ese libro.

En La Habana también trabajó en El público, su obra de teatro más audaz, y en la versión definitiva de La zapatera prodigiosa. A Lorca se le atribuye una frase que resume su estancia: si algún día se perdía, que lo buscaran en Andalucía o en Cuba.

La huella del viaje

FechaMomento
Junio de 1929Llega a Nueva York; estudia en la Universidad de Columbia
Marzo de 1930Desembarca en La Habana, invitado por Fernando Ortiz
Marzo-junio de 1930Conferencias, viajes por la isla y amistad con los Loynaz
Junio de 1930Regresa a España
1940Se publica Poeta en Nueva York, con el «Son de negros en Cuba»

Para saber más

El periodista cubano Ciro Bianchi Ross ha reconstruido con detalle los días de Lorca en La Habana a partir de testimonios de quienes lo conocieron, y la biografía de Ian Gibson dedica un capítulo completo a la estancia. Para situar el viaje en su vida, lee nuestra biografía de Federico García Lorca, y para conocer su obra, la guía para leer a Lorca.