Bruno “El bruto”

Terminaba el mes de enero de 1943 cuando unos niños que jugaban al escondite en un bosque del distrito berlinés de Köpenich se encontraron de golpe con el cadáver de una mujer. Los muchachos corrieron a avisar a la policía. El aparato policiaco de los nazis se encontraba en su mejor momento y funcionaba como una máquina de relojería. Nada se le escapaba, así que cuando se estimó que la victima, una mujer de unos cincuenta años, había sido estrangulada y luego violada reinó el mayor de los desconciertos ¿Quién podía atreverse a realizar semejante asesinato?.

Un crimen sexual no era común es esa época. El distrito fue investigado palmo a palmo y sus vecinos entrevistados en una amplia labor policial. Algunas personas declararon que por aquellos lugares merodeaba un sujeto con ropas de obrero industrial, que parecía algo atrasado mentalmente.

No tardó en ser localizado. Se trataba de Bruno Lüdke, apodado el “tonto” Los vecinos lo conocían muy bien. Lo tenían por un gigante bonachón al que ayudaban con ropa y comida. Reconocían que tenía la mente de un niño, era asustadizo, tímido e incluso los chavales del barrio solían burlarse de él, lo que le había creado miedo a los niños.

Su figura en la zona era tan común que durante las entrevistas muchos habitantes ni lo habían nombrado. Cuando se le encontró un policía vio algo extraño en su ropa: se trataba de sangre. Al preguntarle sobre su origen dijo que se trataba de sangre de pollo. Sin pensar que era el asesino fue llevado a comisaría para aclarar las cosas ¿Cómo iba a ser Bruno si se asustaba hasta de los niños?.
Mientras hablaban con él un policía encontró plumas de pollo cerca de la mujer asesinada. Pensando que Bruno podría haber visto al asesino se le preguntó sobre el origen de la sangre:

– Yo había agarrado el pollo, lo reconozco. La vieja estaba sentada en el tronco de un árbol y yo me acerqué.

– ¿Y tú que le dijiste? –preguntó el comisario.

– Pues, eso, que si quería… Pera ella me dijo que no.

– ¿Y tú que hiciste?.

– La agarré por el cuello.

Aunque sorprendidos los policías dieron el caso por resuelto, pero Bruno aún no había terminado de hablar. Como un “inocente niño” empezó a contar que había hecho lo mismo en 1928 y 1940 en Hamburgo, como también en 1938 en Munich. Desde 1923 había sentido el placer y la necesidad de atacar a mujeres solitarias, estrangularlas y violar sus cadáveres. Los investigadores no podían creer aquello. Sin embargo, al revisar sus archivos descubrieron que en las fechas y los lugares descritos por Bruno se habían dado casos de asesinatos que se parecían como gotas de agua.

Bruno Lüdke nació cerca de Berlín, en 1908. En su infancia sufrió un fuerte golpe en la cabeza, que le trajo graves secuelas para toda la vida. No pudo volver a la escuela. Luego permaneció durante un tiempo atado a una silla, sin poder moverse. Todos le consideraban un débil mental. Sus maestros le habían tenido por un retrasado. Así creció hasta que su constitución fue la de un verdadero gigante, que se movía con la rapidez de un mono. Corría inclinado hacia delante, dejando que los brazos, enormemente largos, se balanceasen a lo largo del cuerpo durante su rápida marcha. Su frente era estrecha y huidiza. La cabeza aparecía cubierta por una capucha de pelos. En su juventud comenzó realizando algunos pequeños robos. En una ocasión fue sorprendido y se le sometió a juicio. La sentencia resultó favorable al acusado, en virtud del artículo 51 sobre atenuantes de la responsabilidad de los débiles mentales.

De todos modos aquellos antecedentes no eran los de un asesino sistemático. La policía descubrió 60 casos que se acoplaban a los descritos por Bruno. Cuando se le preguntó por el número de sus víctimas Bruno “el tonto” elevó la cifra a 85 crímenes sexuales.

La policía criminal se encontraba supeditada al Departamento para la Seguridad del Estado; es decir a los S S. El informe del caso llegó a manos de Himmler, su jefe superior, que consideró imposible que semejante asesino hubiera actuado impunemente durante la época del Tercer Reich. Himmler ordenó que el asunto fuera investigado a fondo y se descubriera si Bruno no estaba fantaseando o atribuyéndose crímenes para llamar la atención.

Fue trasladado en coche al lugar del asesinato por el que había sido detenido. Mientras se adentraban en el bosque de Nöpenich Bruno dijo de repente “que los señores se han pasado de sitio”. El conductor hizo marcha atrás. Se le quitaron las esposas y se le dejo que indicara el lugar donde habían ocurrido los hechos. Sin titubear se adentró entre los árboles hasta que señaló: “Aquí la encontré, aquí la golpeé, aquí la estrangulé y aquí la violé”.

No existía ya dudas sobre su culpabilidad. De nuevo en comisaría fue interrogado minuciosamente, dando detalles sobre los otros crímenes imposibles de ser conocidos por el público. Bruno “el tonto” pasó a ser Bruno “el bruto” Los asesinatos sexuales no procedían de las fantasías de un pobre loco pervertido, sino de los crímenes de un pervertido.

Aquel placer que mostraba en sus declaraciones… Su manía enfermiza de vanagloriarse de sus acciones… Los nazis estaban estupefactos ante semejante criatura. No es extraño que el propio Joseph Goebbels, ministro de propaganda, quisiera tomar cartas en el asunto. Por escrito, y con el indicativo de “Cuestiones secretas del Reich”, Goebbels exigió a Himmler que “el bestial asesino y violador de mujeres no fuese sometido a una pena de muerte normal”:

-Le propongo –añadía Goebbels- que se le pegue fuego hasta convertirlo en una antorcha humana o que se le descuartice.

Himmler no admitió las propuestas de Goebbels. A la jefatura de la policía alemana les interesaba saber cómo se podía explicar, desde el punto de vista científico y criminológico, la actuación de un asesino de semejante dimensión. Se investigó las particularidades de su familia. Cada uno de los crímenes fue reconstruido meticulosamente, aunque con graves dificultades, pues apenas quedaban testigos con vida y casi todos los escenarios de los asesinatos habían sido destruidos por los bombardeos aliados.

Bruno fue remitido a Viena, donde en un instituto criminológico continuó las investigaciones. A lo largo de varias semanas fue sometido a varias clases de experimentos. Los resultados finales coincidieron con las teorías que necesitaba la ideología nacionalsocialista: Bruno Lüdke era el prototipo de “infrahombre”, un verdadero peligro social, un individuo que demostraba palpablemente la necesidad de la depuración de la raza.

No se sabe exactamente que ocurrió con Bruno “el bruto” aunque es de sospechar que fue ajusticiado. Su “record” de 85 asesinatos permaneció siendo el primero durante bastantes años.

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